- Vida y Comida Nro 11

El Almacén de Tati

Cizka
Escrito por Cizka

Un restaurante de barrio para comer como en casa. Platos hechos con amor y buena onda.

En Boulevard Sáenz Peña 1336, zona norte de Buenos Aires, se encuentra el restaurante. Si bien el nombre oficial es “El almacén de Tigre”, todo el barrio lo conoce por “El almacén de Tati”. Este pequeño establecimiento se caracteriza por tener platos hogareños y una dueña cálida. No está demás mencionar la presencia de su mejor compañera, Sofi, un caniche con estilo. Además, la relación precio-calidad favorece siempre al cliente, que se va satisfecho con el plato,  come rico y barato. 

El menú ofrece opciones desde carnes rojas y blancas hasta pastas, ensaladas y opciones veganas. No sólo eso, los clientes también pueden disfrutar de su gran variedad de postres y acompañarlos con el exquisito café de la casa. La decoración es una gran aliada de la dueña para transmitir su espontaneidad y creatividad. Las paredes de este lugar mágico están cubiertas de arte moderno, obras que además están a la venta. La más distintiva es el gran “árbol de la vida” ubicado en el pasillo exterior. Este mosaico da una muy buena primera impresión. Por último, el ambiente, las personas, tanto sus comensales como su equipo de trabajo y su dueña generan una atmósfera de barrio. Las personas se conocen entre sí y constantemente se escuchan saludos de ventana a ventana que terminan en un café de por medio.  

Si algún día se encuentran paseando por Tigre, el “Almacén de Tati” es una parada obligatoria. El servicio y la atención al cliente son  de primera calidad, pero no quita que se pueda tener una charla distendida e informal con Tati y su equipo. Siempre un comensal va a estar muy bienvenido. Como dice la conocida frase: “es un camino de ida”. El contexto de hoy llevó a transformar este restaurante en un verdadero almacén. No obstante, la experiencia sigue siendo la misma.

@almacendetigre

Abierto todos los días de 9:30 a 19:00.

Tel: 51974009

WhatsApp: 1166476750

Acerca del autor

Cizka

Cizka

Francisca María Uriburu, alias Panchi, nació un 21 de abril a eso de las cinco de la tarde, en 1999, allá en la zona norte de Buenos Aires. La hora no fue coincidencia. La hora fue producto del hambre que manejaba, tal era su antojo que con una mamadera no le bastaba. Siempre eran dos. Una para matar el hambre y otra para gozar cada gota de sabor. Es desde ese entonces que lleva flechada la frase: “uno es lo que come”. Primera regla de su vida. Creció como la cuarta de ocho hermanos, donde tuvo que acostumbrarse a alzar la voz para que le pasaran el pan. Creció entre mesas de risas, charlas y muchas historias. Segunda regla aprendida: “el que es tímido pierde”. Creció bajo el cuidado de su papá, Alejandro, médico y bajo las manos artesanales de su mamá, Flavia. Allí descubrió que la magia existía. Descubrió los olores más ricos y profundos, las texturas más perfectas que un postre o un simple pan podían tener. De ahí en más fue solo poner una silla al lado de la señora Flavia y observar. Sólo observar.
Pasaron los días, los meses y los años. Pasó el tiempo y la vida la llevó a disfrutar el día a día, el presente. “Hoy es hoy”, “mañana es mañana” o como otros dirían “caminante no hay camino se hace camino al andar”. Tercera regla aprendida.

Hoy se dedica a sus sueños, a lo que más le apasiona en esta vida: la comida. Anda con una mochila, un mate y un cuaderno con una birome, por si se le ocurre alguna otra idea. Y algún día espera recibirlos en su restaurante sabiendo también que algún día deberá soltar la vida que tenía planeada para recibir a la que la está esperando.

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