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Vulvanizar el lenguaje, entrevista a Tati Español

Yamila De Fillipo
Escrito por Yamila De Fillipo

Divulgadora sexual o, como se denomina a sí misma, divulvadora, Tati Español logró transformar su curiosidad en su profesión. Su taller “Todo sobre tu vulva”, actualmente llevado a cabo online, invita a todas las personas con vulva a informarse sobre sus propios cuerpos, a descubrir la historia oculta detrás de los mitos y tabúes sobre la sexualidad humana, y, sobre todo, invita a tocarse.

Tati Español nos cuenta sobre la importancia del lenguaje en lo sexual, las palabras que decimos y las que callamos y por qué. Nos habla del porno, del placer, y de los cuestionamientos que llevan al empoderamiento: “Lo que nos falta es una habilitación a mencionar más estos temas”.

Yamila De Filippo: Hablando de conversación, del habla, ¿en qué contextos elegís referirte a “personas con vulva” en vez de a “mujeres” y por qué?

Tati Español: Yo prefiero siempre referirme a personas con vulva en lugar de mujeres. Hay momentos, por ejemplo, cuando hablo de historia, o de mandatos, que quizás es necesario que vaya la palabra “mujeres”. Pero me parece que mi mensaje es para cualquier persona que tenga vulva, que quiera saber sobre su sexualidad, que quiera saber sobre cómo está formada su vulva, su clítoris, su placer, cómo está diagramada cada cosa, cada parte de su cuerpo adentro. Y, hay muchísimas personas que tienen vulva que no son mujeres, como varones trans, como personas no binarias, como personas que se reconocen sólo como lesbianas y no como mujeres. Hay un abanico inmenso de posibilidades en este mundo, y me parece que es mi obligación como divulgadora hablarle a todes quienes tengan vulva, porque si no, estamos dejando afuera a una parte inmensa de la sociedad que ha sido, además, ignorada, maltratada y patologizada históricamente. Entonces, mínimo, como reparación histórica, nos toca empezar a incluirles en nuestro discurso. Me parece muy hiriente que no se esté hablando tanto así de personas con vulva y se hable mucho más de mujeres y varones. Entiendo que es un camino difícil y sobre todo a la hora de sexualidad. No hay un libro de sexualidad (que lo diga así), o habrá mínimas, mínimas, mínimas excepciones. Pero la inmensa mayoría, por no decir todos los libros de sexualidad, hablan de varones y mujeres, y es muy limitante me parece.

YDF: ¿De dónde surgió el término “vulvanizar”? Y, ¿de qué formas el lenguaje construye y limita, habilita y niega?

TE: “Vulvanizar” surgió en realidad por una chica que vino a uno de los primeros talleres, y ella me dijo “si el acto de penetrar es el acto de meter un pito en algún lado, ¿por qué no tenemos una palabra para el acto de recibir un pito adentro?”. Y yo dije “más que recibir un pito adentro, ¿por qué no tenemos palabra para el acto de frotar nuestra vulva contra cosas, que es lo que a muchísimes nos lleva al orgasmo?”. Yo siempre que lo pregunto en mis encuestas, me da entre un 50 y un 70 por ciento. Pero no hay (palabra), ¿no? Es el acto más habitual y de mucho éxito entre nosotres, las personas con vulva, y para eso no había palabra. Hay distintes sexólogues y personas que hablan del tema, que le ponen una palabra, pero, oficialmente no hay. Y en ese momento me pareció que era necesario. Entonces hicimos eso, y me parece que esa es una forma de limitación, de inhabilitación, y de negarnos por completo el placer. Porque si ni siquiera hay palabra, lo que no se menciona no existe. Si ni siquiera hay palabra para el acto que a la inmensa mayoría de nosotres nos lleva al orgasmo, ¿cómo lo vamos a tomar como una práctica habitual, no? Para mí “vulvanizar” es el acto de frotar nuestra vulva contra cosas varias, contra lo que sea, contra otro cuerpo, contra una cola, contra otra vulva, contra un pito sin metérselo adentro, contra piernas, rodillas, tetas, juguetes, almohadas, almohadones, ositos de peluche cuando éramos niñes. Entonces, si para eso no había palabra, ¿cómo lo vamos a naturalizar? Y el punto es que eso es algo que nos hiere un montón, y hay muchísima gente que sufre mucho por no encontrar sus orgasmos en la penetración, como el mundo nos dice que tiene que suceder, y sólo encontrarlos a través del frote o de manera externa, como se le suele decir, o “vulvanizando”. ¿Por qué? Porque hay gente que necesita ver sus prácticas expresadas en el lenguaje, en el porno, en el cine, las películas. No es sólo que no existe la palabra, sino que la práctica casi no se ve. Es muy raro ver en el porno a alguien frotándose la vulva contra, no sé, la rodilla de la otra persona mientras se la chupa, o contra la cola de la otra persona o lo que sea. Me parece que es interesante empezar a blanquear esas situaciones, por eso me pareció que era necesaria la palabra.

YDF: ¿Recordás ejemplos o anécdotas de tus talleres de estos lenguajes que suman y lenguajes que restan?

TE: Sí, de mis talleres y de la vida entera, ¿no? Como también en Instagram, en conversaciones diarias. Bueno, que suma, lo que conversamos recién sobre el taller ese en el que surgió “vulvanizar”. Y que resten, por ejemplo, algo que me sigue sucediendo, haga lo que haga, diga lo que diga, hable cuanto hable de este tema, siempre alguien me dice como “bueno, pero yo no llego al orgasmo, yo no alcanzo”. Lo tenemos muy, muy incorporado en el lenguaje, esto del orgasmo como meta. También es limitante porque es un poco creer que porque no orgasmeamos, la práctica sexual, el momento sexual que tuvimos, no estuvo bueno, cuando puede estar buenísimo. Y siempre que surge la conversación formulada así: “yo no termino, yo no alcanzo, yo no llego al orgasmo”, me parece que es muy dañino y que resta un montón. Nos resta a nosotres mismes usar esas palabras, porque nos hace sentir que estamos llegando a algo, y que eso es lo más importante, y que no tenemos por qué conectar con otras maneras de relacionarnos sexualmente. ¿Por qué? Porque el objetivo es ese orgasmo. Entonces me parece que eso es bastante limitante.

YDF: Pensándolo como otra forma poderosa de lenguaje, ¿qué papel juega el porno en la creación de estereotipos?

TE: Bueno, el porno es una forma de lenguaje, totalmente. Los estereotipos parten de un montón de lugares. Pero el porno es un lugar de donde sale una inmensa parte de todo lo que nos domina. El porno lo que nos muestra es un guion sexual prácticamente. El porno lo que hace, para mí, es estandarizar el placer, mostrarnos una forma. A todas nos gusta que nos metan el dedo de esta forma, nos toquen así, nos bombeen 45 minutos, nos hagan eyacular, como si eso fuese algo que la otra persona hace, nos toquen un pezón enseguida, nos peguen palmadas en la cola, y no sé qué más. Y la verdad es que todas esas cosas que vemos en el porno pueden gustar, pero puede que no. Puede que no me interese que me metan los dedos así, y digo, la mayoría de las personas que tenemos vulva no estamos tan acercadas a la idea de placer que el porno nos muestra. Entonces, encima, hay una estandarización del placer de algo muy alejado a nuestro placer. Puede haber personas que encuentren placer así, pero siempre son un pequeño porcentaje. Yo estoy muy convencida de que hay tantas sexualidades como personas en este mundo, y que los gustos son de lo más variado que hay. Entonces, puede haber un mínimo porcentaje que le guste esto, otro mínimo que le guste otro, otro, otro, otro, otro, y ahí se suma en una totalidad, todos esos porcentajes suman un todo. Entonces, el porno no nos permite explorar todas las otras formas de relacionarnos sexualmente, no nos lo permite, no nos da el espacio ni la habilitación para eso, porque es el único lugar donde solemos encontrar información sobre placer, es donde la vamos a buscar. Si el placer está estandarizado y estereotipado, va a ser muy difícil reconocerme ahí, buscar que el porno me muestre formas que me pueden gustar y a mí no se me ocurrieron. Y después, obviamente, todos los estereotipos de belleza, de formas, de cuerpos. Son todas las tetas de tal forma, las cinturas de tal forma, las caderas de tal otra. Si bien hay algún que otro porno donde se ven otros tipos de cuerpos más reales, la mayoría en lo que aparece gratis, en lo que no hay ni que buscar, que está ahí, siempre hay una estandarización del cuerpo, y una normativa de cómo los cuerpos tienen que ser, al igual que los placeres. Obviamente, siempre que hablo del porno así despectivamente, estoy hablando del porno mainstream, del porno industrial, del porno que está gratis en todas partes. Hay, por suerte, nuevas formas de porno. También, dentro del porno mainstream, se pueden llegar encontrar cosas decentes. Pero bueno, es bastante difícil, hay que buscar mucho, y hay que obviar muchos videos horribles antes, lo cual no está bueno. Pero hay otros tipos de porno, tenemos el post-porno, el porno feminista, el porno ético. Si bien tengo mis ideas sobre el porno feminista, me parece que es una posibilidad que estamos planteando. Pero todo este tipo de porno no es el que nos aparece, el que encontramos con facilidad. Entonces por eso me refiero más al porno industrial.

YDF: ¿Por qué creés que aún hay tanta vergüenza en torno a la conversación sexual?

TE: Porque son muchos siglos de opresión sobre la sexualidad, muchos de religión judeocristiana, de mitos, de ideas y creencias falsas sobre la masturbación y sobre el lenguaje sexual. Siempre estuvo todo muy vedado, muy prohibido, muy complejo, muy condicionado por los valores socioculturales y los valores religiosos. Creo que la historia nos lo explica muy bien. Hay ciertos parámetros y patrones impuestos para nosotres, quienes tenemos vulva. Ya de por sí, no mencionamos nuestra genitalidad, la mencionamos de maneras raras, ridículas, aniñadas, distintas en cada familia, ¿quién va a creer que la sexualidad es algo de lo que se habla, si ni mi abuela o abuelo se anima a nombrar mis genitales, por ejemplo? Después, bueno, más allá de todo lo que ya dije, son muchos, muchos siglos, y el sexo es un lugar de goce, de placer, de diversión, y esas cosas nos suelen estar prohibidas, son cosas por las que tenemos que tener miedo, culpa, vergüenza y que no están habilitadas. Yo creo que lo que nos falta es como una habilitación a mencionar más estos temas.

YDF: Ahora te invito a preguntar: ¿qué interrogantes nos podemos plantear todas las personas para dar lugar al verdadero placer?

TE: Yo creo que lo único que nos tenemos que empezar a plantear es nuestro placer, nuestro goce, nuestro deseo. Empezar a plantearlo y a priorizarlo. “¿Yo tengo ganas de hacer esto?”, “¿Cuántas ganas de hacer esto?”, “¿Qué tengo ganas de hacer?”, “¿Qué tengo ganas de recibir?”, “¿Cómo me gustaría relacionarme sexoafectivamente?”, “¿Qué no me gustaría volver a hacer nunca más?”, “¿Qué me gustaría que me hagan?”, o “Qué me gustaría que me hagan como para pedirlo en la cama?”. Lo que sea. Me parece que va por ahí y, por sobre todas las cosas, dejar todo estereotipo de lado. Como “¿de dónde viene este estereotipo?”, “¿Por qué yo creo esto?”, “Ah, lo creo porque alguien me lo dijo, porque lo veo acá, porque la cultura me lo enseña desde que tengo uso de razón, porque bla”. Hay mil millones de motivos. Cuando yo entiendo de dónde viene el estereotipo, es mucho más fácil todo. Es mucho más fácil reconocerlo, es mucho más fácil correrse, y, a la vez, si no me puedo correr, es mucho más fácil aceptarlo. Como bueno, “¿sabés qué?, sí, yo hago esto porque tal cosa, y estoy lidiando con eso, y estoy haciendo lo que puedo con esto”. Entonces me parece que lo que tenemos que hacer es empezar a poner nuestro placer en el lugar de importancia que tiene y que merece. Darle lugar y darle espacio al placer nos abre otras puertas, nos abre las puertas de una mayor creatividad, de una mayor comunicación conmigo misme, de una mayor autoestima. Entonces, démosle importancia. Yo en el taller insisto mucho con la figura del sexólogue, sexóloga, sexólogo. ¿Por qué? Porque veo que vienen chicas al taller que tienen, por ejemplo, vaginismo de hace 8 años. Y digo, si vos tenés un dolor en el brazo desde hace 8 años, vas al médico. ¿Por qué a la sexualidad no le damos esa importancia? Entonces, lo que hay que plantearnos es la importancia del placer, y el tiempo y el espacio que podemos y el que necesitamos darle.

Acerca del autor

Yamila De Fillipo

Yamila De Fillipo

Yamila De Filippo nació en 1988 en la zona norte de la provincia de Buenos Aires. De familia irrefutablemente italiana, abrazó desde pequeña el famoso “mangia che ti fa bene” y se enamoró, cual flechazo de Cupido, de la comida y la cocina. Entre las albóndigas de una nonna y los gnocchi de la otra, desarrolló un paladar sofisticado (por no decir insufrible) gracias a los aromas y sabores de esa infancia afortunada.

Su curiosidad insaciable, su afinidad por los idiomas, su desdén por la rutina y su hambre de aventura la llevaron a recorrer los cinco continentes como auxiliar de vuelo. Vivió casi una década en Dubai, donde se empapó de una diversidad cultural, lingüística y, por supuesto, gastronómica que jamás había imaginado, y se le abrieron los ojos como dos huevos fritos (sí, seguimos con las referencias culinarias). Aquí despertó también su interés por los movimientos feministas y el estudio de la sexualidad.

Antes de tomar ese camino, estudió actuación y dirección de artes escénicas, y aún hoy se
sueña actriz, directora y escritora. Fue ésta sólo una de cinco carreras terciarias y universitarias en las que incursionó. Actualmente estudia Relaciones Públicas y tiene la certeza de quien sabe equivocarse mucho, de que la sexta es la vencida. Además, quiere producir su propio festival de cine junto a su esposo y volver a hacer stand-up.

Desde niña le encantaba escribir y soñar con las palabras, y hoy siente más que nunca que
puede aprovechar todas esas experiencias y deseos y volcarlos juntos a la vocación de escribir y comunicar, principalmente en los campos de la educación sexual y la crítica culinaria.

Y nunca, pero nunca, va a dejar de volar.

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